Archive for August, 2010

El documental “The Two escobars”

Monday, August 30th, 2010

Tuve la oportunidad de ver el documental de los hermanos Jeff y Michael Zimbalist en el “Festival Internacional de Cine Latino en Nueva york” el pasado 1o. de agosto. Fue como ver pasar los días negros y ácidos de Medellín una vez más. Recordar la situación que a diario se presentaba en el Servicio de Urgencias de la León XIII, donde llegaban los jóvenes heridos de bala con su ‘combo’ de amigos armados de revólveres y de mini-uzis exigiendo a los médicos salvarles la vida, mientras el portero trataba de convencer a los del bando contrario para que abandonaran el lugar, diciendoles que más tarde tendrían oportunidad de rematarlo. Cuándo las discusiones eran muy álgidas y la propia familia no lograba convencerlos de que era mejor regresarse al barrio, llamaban a la oficina de Trabajo Social, y éramos nosotras quienes teníamos que explicarles qué se estaba haciendo, cómo el personal estaba seriamente comprometido con el bienestar del herido, por qué era importante para él y para los trabajadores de Urgencias la tranquilidad en el ambiente. Nos tocaba también calmar a las enfermeras, hablar con los médicos, y olvidando nuestro propio miedo, ser el paño de lágrimas para todos.

Casi no disfruté la cinta. A medida que corrían las imágenes, aumentaba mi dolor de estómago y mi rabia, especialmente cuando los familiares y lugartenientes de Pablo resaltaban lo generoso que era, la cantidad de escenarios deportivos que construyó y de obras sociales con las cuales contribuyó, argumentando que se ganó el apelativo de Robin Hood. Nada más alejado de la realidad. Y el documental no da ninguna señal contraria. Ni una sola.

Muchas historias nos contaban los familiares, los amigos y los propios pacientes que se recuperaban. La comunicación con ellos se prolongaba en el tiempo, no solo en Urgencias de León XIII sino en las de la Policlínica, donde con frecuencia eran traslados quienes no tenían derecho al ISS, obviamente después de prestarles los primeros auxilios, no porque la ley de entonces los obligara a hacerlo sino por la presión armada de los dolientes, el miedo de los médicos, y en innumerables ocasiones, su compromiso con el juramento que prestaron.

Historias de cómo empezó todo, de cómo llegó Pablo primero, y cuando su tiempo no se lo permitió, sus lugartenientes y ‘personal’. Sobre cómo ofrecían dinero para construir el escenario o mejorar el que existía. Sobre cómo regalaban coca pura, que luego cambiaban por el más barato ‘bazuco”, y una vez adictos, tenían que pagar en dinero o en especie si querían consumir. Ninguno tenía dinero y en especie significaba vender droga, conseguir amigos dispuestos a probarla y a hacerse adictos, o ingresar al ‘combo de sicarios’ o ‘empleados’ al servicio de Pablo dando información sobre el acontecer del barrio, en un amplio sistema de inteligencia y contra-inteligencia que el Capo montaba por doquier.

En mi opinión, la caridad y la generosidad están presentes cuando se ayuda o se da algo sin pedir nada a cambio. No fue ese el caso de Pablo Escobar. Siempre, más tarde o más temprano, exigía una contraprestación, cobraba el favor.Y el gran pecado del documental es no mostrar ese lado, permitiendo que quienes no conocen la historia se traguen el cuento de su generosidad.

También reclamo sobre la estigmatización de Colombia. El documental, sin ser amarillista como las series de RCN, Caracol, Televisa y Fox, sin llegar a la ordinariez de las telenovelas y la literatura sicariesca tan de moda actualmente, muestra el problema del narcotráfico como de Colombia. Colombia es la víctima y la que pone los muertos en un negocio que deja multimillonarias ganancias a “barones” de todas las clases sociales y nacionalidades. Se desaprovecha incluso la entrevista al Presidente Gaviria, quien se refiere a lo que significó la violencia durante su gobierno, pero no se le pregunta o no menciona su reciente intervención en Rio, donde, junto con otros altos dignatarios, expreso que debía cambiarse de enfoque en la lucha contra las drogas y empezar a hablar de la legalización. Nada de ésto se menciona.

Por lo demás,como digo en SoyPeriodista vale la pena ver el documental. Hace un excelente paralelo entre la vida de Pablo y la de Andrés. Como ambos amaron el fútbol. Cómo, cada uno por su lado y a su manera, creció al mismo tiempo que el narcotráfico y murió a consecuencia de él. Cómo ambas muertes tuvieron resonancia mundial y marcaron a Colombia. Saca a la luz partes de nuestra historia que sospechabamos ciertas, pero no queríamos saber. Y nos muestra claramente la influencia de la mafia en todas las esferas de la sociedad, incluído el deporte.