Archive for the ‘Libertad de expresión’ Category

Silvio Rodriguez en Nueva york

Wednesday, June 9th, 2010

Para mi amiga Angela María Patiño, que me enseñó a querer a Silvio. Y muchas cosas más…

Cuando seleccionaba mi equipaje para mi nueva vida en Nueva York, Angela me regaló todas las canciones que hasta ese momento se conocían de Silvio, señalándome sus favoritas. Silvio me gustaba, pero nunca al punto de tener todas sus canciones, ni siquiera de saberme algunas. Angela sí, y solía decirme que por nada del mundo me perdiera un concierto de él. Así que cuando se anunció que después de 30 años de ausencia se presentaría en Nueva York, ni corta ni perezosa decidí ir. Lo hice por él, por Cuba, por mí y especialmente por Angela, con quien asocio su música.

Las emociones corrieron por todos lados. Mientras estaba parada en la esquina del teatro con mi cartel llamando a votar por Mockus, de la nada y de manera súbita me ví rodeada por un grupo de personas y numerosos policías. A pesar de aquí se respeta mucho la libertad de expresión, por un momento me cruzó la idea de que me iban a meter a la cárcel por mi cartel. Pero no: era un grupo de simpatizantes de Cuba, repartiendo propaganda y gritando: Cuba si! Embargo no! Fidel, amigo, el pueblo está contigo! En la misma acera y al lado de ellos, había otro grupo gritando lo contrario: Libertad para Cuba! Vivan las Damas de Blanco! Abajo Castro! Los primeros me dijeron que los segundos eran “la gusanera” de Miami, apelativo con el cual se señala a los apositores al regimen castrista. La policía llegó para evitar agresiones entre ambos grupos.

Aunque no estoy de acuerdo ni con el embargo ni con los presos políticos de Cuba, o Estados Unidos o Colombia, salí del círculo de simpatizantes y me ubiqué exactamente en la mitad de ambos grupos, mientras esperaba a Rodri para ingresar por primera vez en mi vida a ese templo de la música que es el Carnegie Hall.

El teatro es muy hermoso, con una acústica maravillosa, pequeño y recogido, con balcones altos que permiten buena vista desde cualquier ubicación. Lleno total, consignas en favor de Cuba, y ovaciones interminables para Silvio, que se paseó por su repertorio de nuevas y antiguas canciones como pez en el agua, acompañado por una joven flautista que algunos dijeron era su esposa, y por su reducido y excelente grupo de dos guitarristas, su baterista y su bajo.

Así empezó:

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Me encanta ir a conciertos y lo hago con alguna frecuencia. Gratis y pagando. De clásicos y de desconocidos. Pero nada se compara con los conciertos latinos, donde nos saltamos las normas de buen comportamiento y nos ponemos de pie en medio de una pieza, aplaudimos y coreamos algunas de las canciones. Se siente uno vivo, atado como nunca a sus raíces. Si, no hay como un concierto latino. Ahí nuestra alegría se muestra tal como es. Nuestras emociones se desbordan. No siempre la buena educación es lo mejor. Muchas veces es bastante aburrida. Imposible contener la pasión que despertaba ese momento tan especial.

Me olvidé de Colombia, de Mockus, de mi pancarta, de todo. Viví para escuchar y cantar. Solo recordé a Angela, hubiera deseado que estuviera aquí. Tambien recordé a Violeta, porque sin cumplir cinco años, conoce y ama la música de Tchaikovsky, con cuyo concierto se inauguró el Carnegie Hall el 5 de mayo de 1891. Ella sueña con bailar ballet, y reconoce el Lago de los Cisnes.

Silvió se veía rejuvenecido y feliz. Cantó sin descanso durante dos horas. Complació al público con algunas canciones y agradeció expresamente la asistencia. Hablo muy poco. Solo para saludar y dedicar una de sus canciones a un miembro de los “cinco de Cuba”, de cumpleaños el día del concierto. Explicó que en Cuba estos cinco eran llamados “héroes”. Aquí son solo prisioneros. Prisioneros políticos para algunos.

Salimos de prisa, en medio de una ovación que estoy segura terminó con otra canción. Rodri no quería que a la salida todos vieran mi cartel mockusiano y yo no estaba dispuesta a desecharlo. La campaña aún no termina.

El capo y las elecciones

Wednesday, May 26th, 2010

En el debate presidencial de ayer, el profesor Mockus mencionó la cultura de la violencia que por décadas ha estado presente en Colombia, y se refirió al papel de telenovelas como “El Capo”-que en lo adelante solo me merece minúsculas-, como vehículo transmisor de la misma. El Dr. Casas se mostró tan sorprendido, que preguntó: ¿“Telenovelas como el capo no estan sirviendo?”, haciendo alusión a la discusión que se ha tenido en la Wradio, donde tanto él como Julio Sánchez Cristo han resaltado lo bien hecha de la serie, y han preguntado si de verdad ayuda a entender el problema del narcotráfico. Mockus replicó que vio los últimos capítulos y se sintió desilusionado.

Yo lo estuve desde el primero. Nunca he creído que los derechos que nos niegan deban obtenerse matando a quienes lo hacen.

Es cierto que tenemos una larga historia de violencia, de narcotráfico, de corrupción. Pero también lo es que los medios de difusión masiva la difunden y apoyan pensando solo en el rating, en hacer dinero. Y para ello no importa el contenido de la serie, solo importa que esté bien hecha, que sea exportable. Y en Colombia, con ese gran talento que tenemos, se están haciendo buenas series, si de producción, actuación, y dirección se trata.

Pero el fondo es tanto o más importante. Si nos dedicamos a aplaudir las nuevas series por la forma, sin darnos cuenta de cómo el fondo está afectando nuestra imagen e influenciando nuestra sociedad, estamos borrando con el codo lo que hicimos con la mano, con un alto costo y un grandísimo esfuerzo. En nuestra cultura de “Todo se vale” los canales hacen concursos, rifas de quinientos mil y de un millón de pesos para incrementar el rating y mantener una audiencia cautiva a las series mafiosas. Como resultado, miles de personas, especialmente jóvenes de Colombia y de la comunidad latina en Estados Unidos, admiran al capo, a Rosario Tijeras, a las pre-pago, y desean ser como ellos. Lo dicen abiertamente a través de Facebook y otras redes sociales. Ven el programa con sus hijos menores sin ninguna restricción. Otros no tan jóvenes, declaran que el capo es su serie o película favorita. Y no son personas ignorantes, no. Algunas son mis amigas o familiares, todas con carreras universitarias y extensa formación social. Personas privilegiadas de la sociedad, no marginadas, que admiran a estos criminales, no a los actores por su trabajo en la serie. Creen, y así me lo han dicho, que estos personajes encarnan la lucha contra un estado que excluye, que niega oportunidades. Y a diario veo como ese lenguaje mafioso está más y más extendido.

Es bien extraño que miles y miles de colombianos se expresen en contra de Piedad Córdoba aduciendo que “hace campañas en contra de Colombia”, cuando habla de los paramilitares, masacres, desplazamientos, falsos positivos y todas las cosas horrendas que han hecho nuestros gobiernos desde hace dos siglos.

Pero guardan silencio y aplauden ésta y otras  telenovelas similares que, faltando a la verdad, nos pone a los colombianos como partícipes, patrocinadores e impulsores de toda clase de crímenes, dispuestos a todo con tal de conseguir dinero, convenciéndonos que el dinero “rápido” y “fácil” es la única opción para progresar, y que con un par de tetas alcanzamos mayor reconocimiento. “El estado es corrupto y eso justifica que lo compremos”. “El estado me negó atención medica para mi hijo, y eso justifica que mate para robar”. No se contemplan las opciones legales que a pesar de ser difíciles, seguimos muchos miles de colombianos. No se hacen series sobre los millones de madres y padres solteros, cabezas de familia, que además de trabajar y de levantar a sus hijos, van a la universidad en busca de un titulo que les permita obtener el anhelado reconocimiento.

Dirán que la moraleja de esas telenovelas mafiosas nos lleva a concluir que el crimen no paga. Pero se olvidan de que para llegar a esa conclusión deben pasar 80 o 100 capítulos durante los cuales hay que cometer toda clase de delitos y escuchar a los protagonistas decir una y otra vez que no tienen otra opción. Me pregunto, que permanece más en la mente de las personas, si estas actuaciones y frases repetidas hasta el cansancio o las fatales consecuencias que sufren los criminales, y que se relatan en los 4 o 5 últimos capítulos.

En Colombia, a diferencia de la televisión hispana en Estados Unidos, siempre se han mostrado las series más famosas de aquí. Ahora aquí las series más famosas, en especial las de Fox, que se alió con RCN para producir el capo, también se basan en que “todo se vale”: en nombre de la seguridad nacional, Jack Bauer tortura y mata a sangre fría, buscando información para evitar actos terroristas. O Gregory House maltrata a los pacientes para encontrar la enfermedad.

Las telenovelas y las series son importantes vehículos de cambio y transformación cultural.

Hecho de menos series como “La familia Ingals”, o los Waltons, que centrándose en la vida familiar, en las lucha que familias de escasos recursos y muchos sueños debían enfrentar para salir adelante, divertían, entretenían y enseñaban. Sí, esas series ganaron amplias audiencias y numerosos reconocimientos. Y a muchas familias nos ayudaron a educar en los verdaderos valores, en esos que ahora estamos perdiendo, y que de no hacer nada serán letra muerta o inexistente para las futuras generaciones.

Ese tipo de historias son las que anhelo volver a ver en la pantalla. Con libretos modernos, con redes sociales, pero enseñando que vale la pena luchar, soñar, trabajar duro para conseguir lo que se desea. Y como bien dice Mockus, tenemos talento de sobra para hacerlo. Solo falta ese cambio de dirección, ese mirarnos a nosotros mismos y conocer para donde vamos.

Eso es lo que sueño para Colombia. Espero que el profesor Mockus si haga algo al respecto.

 

Espionaje moderno

Friday, May 14th, 2010

Cuando navego por Facebook siento el mismo dolor de estomago que me producen los artículos sobre la violencia en mi país. Antes de vincularme, tenía la idea de que era una especie de “Gran Hermano”, tal y como Orwell lo describió en 1984. Ahora, con solo tres días de afiliada y muchas horas navegando, me doy cuenta que la realidad supera esta y toda otra fantasía al respecto. Antes, me parecía que era solo una intromisión en las vidas privadas. Ahora sé que es una muy efectiva forma de espiar y de permitir que nos espíen. Gratis. Con pleno consentimiento y conocimiento. Sin castigo. Sin derecho a recompensa.

Como seres sociales, tenemos múltiples relaciones. Como humanos, pensamientos, opiniones, intereses, deseos. Cada día tenemos más experiencia, mejor capacidad para decidir y juzgar, mayor información para opinar. Y nuestras opiniones, valores, relaciones, van cambiando. Y la red tejida alrededor del duro proceso de crecer nos protegía. Con las redes sociales estamos renunciando a esa protección. Estamos totalmente desnudos e indefensos ante el mundo.

Algunas personas usan las redes de una manera más sabia, seguramente porque tienen mayor experiencia e información. La usan en su beneficio, para publicitar su trabajo y hacer conexiones que les ayuden a ampliar su base. Pero, lamentablemente, no la mayoría.

El crecimiento de Facebook es impresionante:


400 millones de personas registradas.

200 millones, la mitad, nos conectamos a diario, según la compañía.

500 billones de minutos por mes, gastamos los usuarios en el sitio.

600 mil usuarios nuevos cada día.

700 millones de fotos y 4 millones de videos son subidos cada mes.

13 millones de usuarios actualizan su status cada día.

Y esa mayoría creciente de usuarios son jóvenes, que dicen sin ambages lo que sienten y lo que piensan, que exponen ante el mundo su ingenuidad,  o falta de valores, o confusión. No sé qué nombre pueda darse a los 569,442 seguidores que ayer, a las 4:30 de la tarde, tenía esa parodia de lo peor de Colombia llamada “El Capo”. Para no citar sino uno, de los miles de ejemplos que pude ver a través de los amigos de los amigos de los amigos de algunos de mis amigos y familiares. Una mirada a este gráfico del NYTimes nos da la idea de las miles de interconexiones que se hacen a nuestras espaldas, solo porque aceptamos una simple aplicación en cuya letra menuda, generalmente en ingles, autorizábamos el uso indiscriminado de la imagen y/o comentario.

Menos mal que he madurado lo suficiente para no compartir demasiadas estupideces, de esas que comúnmente todos cometemos. Y que inicié mi página con mi propia configuración, asegurándome de hacer listas de “muy familiares”, “otros familiares”, “amigos” y “trabajo”, y bloqueando la opción predeterminada de compartir con los amigos de los amigos de mis amigos. Una inversión de tiempo que, sin duda, me evitará muchos problemas

No voy a renunciar Facebook, a menos que se cree otra red más segura y privada. Como la que están tratando de crear cuatro jóvenes neoyorkinos a través de su proyecto Diáspora.

Pero si la usaré en mi favor, no en mi contra.

La libertad de Expresión en Estados Unidos

Monday, January 26th, 2009
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El y muchos más quieren que el expresidente sea procesado. Motivos no faltan, y graves

La primera enmienda a la Constitución Americana, incluida en 1789 en la Carta de Derechos, en inglés “Bill of Rights”,  y aprobada en 1791 por las tres cuartas partes de los Estados de la Unión, protegió ampliamente la libertad de expresión, pilar de toda democracia, al promover que sobre todos los asuntos de interés para la nación se tuviera un diálogo abierto y un debate público. Desde esa lejana época se entendió que el flujo pacífico de las ideas facilita el cambio y hace avanzar el conocimiento. Pero además, la misma Enmienda prohibió al Congreso expedir leyes que establecieran una religión oficial o que prohibieran la libertad de adoptar la religión que cada uno quisiera, o el derecho a no tener ninguna. Como si esto fuera poco, también le prohibió restringir los derechos de los ciudadanos para decir lo que cada uno quiere o para publicar lo que uno piensa, así esté en contra del punto de vista del gobierno. Derechos garantizados con la protección a toda reunión o manifestación o protesta pacífica, y el derecho a presentar peticiones al gobierno para corregir leyes o decisiones injustas.


A todo el frente de la Casa Blanca

A todo el frente de la Casa Blanca

Naturalmente no es una libertad absoluta y si se usa para amenazar a alguien, para difamar o crear terror, la ley prevé consecuencias graves para el infractor, desde una demanda por daños civiles hasta un proceso penal. De 1791 hasta hoy el derecho se ha mantenido y fortalecido, no siempre de manera fácil. Ha costado luchas, lágrimas, encarcelamientos injustos y muertes. Algunos presidentes y algunos congresos lo han restringido y hasta tratado de anular. Pero sigue vivo. Y soñamos que lo esté más ahora.


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En el Museo Americano de Retratos y Afiches de los presidentes

Esta libertad se ejerce de manera respetuosa, sin ofensas, teniendo presente que los demás también tienen el derecho y la libertad de tener una opinión diferente a la nuestra. Por eso usted encuentra en un lado de la acera a las personas que están en contra del aborto y en el otro, a todo el frente, las que están a favor. Es igual en todos los asuntos importantes como la guerra, la salud, la economía. La policía se sitúa entre los dos bandos con una mirada vigilante y dispuesta a impedir excesos, pero no limita la participación de ninguno ni tacha las consignas, ni decomisa los carteles. Permanecen en silencio, sin hacerse a favor ni en contra de nadie, asi compartan o rechacen su opinión. Simulan ser neutrales, porque es imposible que lo sean.

He participado en muchas marchas de indocumentados pidiendo su legalización y oponiéndome a esa ola de desmemoriados que no recuerdan que ellos son también inmigrantes o hijos de inmigrantes, que olvidaron que sus padres o ellos mismos fueron desplazados de sus países por las hambrunas o las guerras o las persecuciones.

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En el mismo Museo, con los actores que representaban la vida de Lincoln. Aqui con su esposa Mary

Lamentablemente, en la única de que he visto una agresión a quienes piensan diferente a la mayoría fue en la marcha de los colombianos en contra del secuestro, hace casi un año, febrero del 2008, en la Plazoleta de las Naciones Unidas, Nueva York, donde se atacó, insultó y amenazó a alguien porque portaba una pancarta pidiendo a los paras que también ellos liberaran a los secuestrados. Si la policía no interviene para proteger al ciudadano, la multitud lo hubiera linchado.

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Ella portaba su propio pedazo de historia

Esta libertad de expresión es muy importante, apreciada y valorada en los periódicos on-line y en los blogs. Casi a diario leo el New York Times y algunos de sus blogs y me sorprende que las opiniones en contra de lo que escriben los columnistas se sustenten en ideas diferentes, no en insultos ni en gritos con mayúscula. En cambio, cuando leo la prensa o las revistas colombianas, y veo la participación del público, quedo horrorizada por la falta de argumentos y abrumada por la cantidad de insultos.

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Al día siguiente, Enero 20/09, vi este mismo mensaje impreso en carteles que algunos portaban

Todo esto para decir que no era la única que andaba campante, el día de la posesión de Obama, con mi cartel de protesta, moviéndome libremente en una ciudad con dos millones de turistas y más de 30 mil agentes de seguridad. Otros hacían lo mismo, a través de la ciudad y al frente de la Casa Blanca. Ojalá algún día Colombia muestre el mismo respeto. Ese día iniciaremos nuestro camino a la democracia.

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Me inspiró la pareja de Ohio, que ví al Frente de la Casa Blanca el 18/01/09, día del concierto. Y lo hice!

Lo que quería decir…

Friday, January 23rd, 2009

Si, aunque no lo crean, soy yo, algo disfrazada para soportar las bajas temperaturas, en Washington, la capital del país, el día de la posesión del Presidente Obama, mostrando al público mi opinión sobre él, y mandando al diablo al Presidente Bush, que es donde merece estar. Recorrí muchas cuadras con mi letrero, desde Chinatown hasta Pennsylvania Avenue y todos los alrededores. Muchas personas me tomaron fotos y la mayoría me decian:

Great!   That’s for sure! I cannot agree more!

Más de 30 mil agentes cuidaban de la seguridad. Nadie me molestó. Es maravilloso sentir cómo se respeta tu libertad de expresión.

Bienvenida y despedida