Primera entrega
Hace tres semanas tuve un accidente que pudo ser fatal, y que me impidió participar en el New York Bike Tour. Iba en mi bicicleta, me embistió un auto, recibí un fuerte golpe en el lado derecho, volé y aterricé contra la calle. Tardé un minuto largo en recobrar el sentido, y aunque no podía moverme, alcancé a gritar la palabra mágica: Help! Please, help me! Un desconocido se acercó, me tranquilizó y me informó que la ambulancia estaba en camino. Por fortuna, no venía otro carro, tenía un buen casco, un equipo adecuado de ciclismo, unos huesos bastantes finos, producto de mi afición a caminar y de las hamburguesas con leche que tantos ataques de risa provocaban y tanto avergonzaban a mis hijos y a mis compañeros de universidad. Debería decir también que gracias a dios, pero esas son palabras mayores que reservo a mi hija, más cercana a él que yo. En cambio, puedo decir que gracias a mi destino, escrito y señalado no se por quien y que me permite tener la seguridad de una larga y saludable vida.
El stress postraumático y el dolor por las múltiples contusiones y otras molestias menores, fueron casi insoportables las dos primeras semanas. Gracias al consejo y explicaciones de Jorge Diego estoy más tranquila y recuperada, recibiendo atención médica, droga para el dolor, estimulación eléctrica, calor húmedo, terapia física, acupuntura, y masajes quiroprácticos. Todo en un mismo sitio, gracias a mi abogado.
Porque esa es la clave del asunto: En caso de accidente lo más importante no es un médico, sino un abogado. Un buen abogado. El sistema de salud parece saberlo, por eso al día siguiente recibí unas 4 o 5 llamadas de abogados ofreciendo sus servicios. Y cuando vas al médico lo primero que te preguntan es el nombre del profesional a cargo del caso. Si ellos reciben o no comisión por las recomendaciones es algo que no se. Y en un campo tan delicado no es bueno creerle a la intuición.
Lo que si puedo decir es que existe una diferencia abismal entre el trato que recibes cuando vas recomendada por tu abogado, y el que recibes cuando lo haces por tu cuenta. Por negarme a aceptar esa realidad, padecí más de lo debido. ¿Por qué tengo que conseguir un abogado desde el primer día del accidente, si lo más importante es tener una pronta y adecuada atención médica? Y lo segundo: ¿Por qué no tengo libertad de escoger mi propio médico? ¿A título de que debo ir donde el médico recomendado por mi abogado?
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A mi lo que se me hace terribles 2 aspectos: 1. El de la cultura norteamericana donde todo se resuelve con un abogado… 2. El absurdo de antes de asegurar el tratamiento o la recuperación, tengás que conseguir un asesor jurídico para que te atiendan debidamente…
Y bueno, lo más importante es que estás ya en el proceso de recuperación… Y para nosotros que disfrutamos el andar en bicicleta, usar el casco siempre, siempre… que puede salvarnos la vida!!