12 Jun
Posted by Elsa Tobon as Accidentes en Estados Unidos, Hospitales, Salud, lugares
Acostumbrada a mi buena salud, nunca me preocupé por aprender ni los nombres de las enfermedades, ni los órganos involucrados, ni las funciones corporales en ingles. El resultado solo podía ser un desastre. Y lo ha sido. Al punto que, por mi accidente en la bicicleta, me esta tratando un ginecólogo que dice que lo que tengo es consecuencia de la vejez y un gastroenterólogo, que dice que puedo tener un trauma emocional, pero me trata como si tuviera un simple y molesto estreñimiento, esperando verme de nuevo en un mes, para definir una colonoscopia, “en atención a que su esposo es tan buen paciente del Dr. Aviles”. Pero eso si: Todo lo paga usted, porque no hay ni ginecólogos ni gastroenterólogos que traten casos de accidente.
Aunque en el hospital solo me quejé del dolor en la cadera, desde la mañana siguiente empezaron a aparecer otros dolores, inexplicables para mi, pero consecuencias directas del accidente. La dificultad para sentarme y realizar mis funciones excretoras, por el golpe en las áreas perineal y genital con el sillín de la cicla. La rigidez y dolor en el cuello eran por el “whiplash”; el dolor en la baja espalda por el golpe contra el pavimento. Y el de pierna derecha porque el carro también me impactó la rodilla derecha. Estuve en una unidad especializada en trauma de un hospital de Nueva York, pero como no tenía fracturas me mandaron a casa esa misma noche, con un diagnóstico de “golpe cadera derecha”, las instrucciones para aplicar hielo, pastillas para el dolor y la orden para una cita de seguimiento con un ortopedista indicado por ellos, con nombre y teléfono. Ni una palabra sobre los efectos del trauma. Ni un simple cuello ortopédico. Nada…
Los días siguientes fueron muy difíciles: Un dolor terrible, imposibilidad para moverme y para estar quieta, hinchazón de los genitales, alteración grave de las funciones excretoras, náusea permanente, insomnio, mal genio… En la primera cita traté de explicarle al médico que me pasaba pero me dijo muy claro que él era un cirujano de cadera, que no entendía a que había ido, que no podía ni siquiera revisarme y que debía consultar con un ginecólogo y un especialista de columna. Esperé tres horas y media para que me despachara con eso, sin siquiera revisarme. Pero la remisión me pareció lógica.
Busqué una ginecóloga que hablara español. De hispana solo tenía el nombre, su inglés era muy enredado y no entendía ni una palabra en mi idioma. Who is your Gyn/Ob? “Gyn, gimnasio, que gimnasio será?” Pensé antes de responder: “No tengo, yo hago todo por mi misma”. When was your last **smear? Mi cerebro se agarró a buscar: “smears, smears… me suena familiar…Ah, si!!! Los chismes de McCain contra Obama en la pasada campaña”. “Nunca”, repliqué con firmeza, porque ni soy chismosa ni me gustan los chismes. Se puso furiosa, empezó a echar cantaleta y agregó: What about your mama? Mi mamá, vieja descarada. “Never”, respondí enojada. Más cantaleta, y una conclusión: “Usted no tiene nada, debe hacerse de inmediato estos exámenes en este lugar, yo la llamo si salen malos, de lo contrario venga en seis meses porque necesita su propio ginecólogo, y recuerde que el ciclismo es muy peligroso, especialmente a su edad. Caminar es más mejor. Ah… y vaya donde este médico de familia”, ya que le conté que el mío se negó a verme porque mi dolencia era producto del accidente.
Con ganas de exprimirla, ni miré los exámenes y salí a llorar al corredor. La chica afro-americana de la recepción se acercó, me recomendó un doctor diferente, especializado en accidentes, que atendía en el mismo centro y me consiguió la cita para el día siguiente. Allá estuve, era un médico hindú bastante amable que me dijo que lo que necesitaba era un neurólogo y una terapia física, porque posiblemente tenía un nervio pinchado. “Su recuperación será larga, necesitará muchos exámenes, pero estará bien”.
Pero ese mismo día mi abogado me recomendó otro neurólogo y otro sitio de terapia, “en un mejor vecindario”, y a ese estoy yendo. Pero nada de neurólogo, “usted necesita terapia física tres veces a la semana”. Empezaron con el calor húmedo, la estimulación eléctrica, la acupuntura y la quiropráctica. En la nuca y la cintura, no en la cadera golpeada. Nada de terapia, nada de neurólogo, tres horas de espera para una sesión que dura 30 minutos e incluye las 4 cosas señaladas. La mejoría era mínima, así que pedí ver al neurólogo. “No lo puede ver hasta que no termine las sesiones de terapia”. Traté de explicar que no necesitaba terapia, que no tenía ninguna mejoría, que el problema mayor no era ni el cuello ni la espalda, aunque me dolían un poco, sino “down there”. El dolor en el cóccix y la dificultad para ir al baño eran lo peor. Me dieron cita.
Era un internista, quien concluyó, basado en mis explicaciones, que podría tratarse de un prolapso. Pero tampoco podía examinarme. Me recomendó un examen de orina y buscar por mi cuenta un ginecólogo, ya que el seguro no tenía uno. Cuando le conté mi experiencia, me dijo que buscara uno diferente, que seguramente la doctora coreana era muy anticuada. Empezó mi búsqueda, no encontré hispanos disponibles, y me decidí por un afroamericano de mi vecindario. Allá estuve, le expliqué todo y volvió a preguntar: “When was your last ***smear?” “Otra vez preguntando por chismes!!! No, never”. El doctor abrió los ojos, puso una cara de sorpresa y preguntó de nuevo: “Never?” “No, con firmeza y un poco de furia…” ¿Sabe usted que es responsabilidad de todas las mujeres hacérselo una vez al año? ¿Qué el cáncer cervical es tratable a tiempo?, replicó él, sin salir de su sorpresa.
Ahí la sorprendida y asustada fui yo, y pedí el favor de repetirme la pregunta. “Pap smears, pap test”… Mi cerebro buscaba y buscaba, y al fin, con timidez, pregunte: Papanicolaou? Yes, yes, dijo el médico. ¿Por qué en lugar de preguntarme eso usa ese nombre tan raro? ¿Como se escribe eso? Si, me lo hago cada año y siempre me sale bueno, pero este año no. What about your ‘mama’? Y con sus manos mostró la forma de los senos. “si doctor, hace un año, todo esta bien, me hago el examen manual con frecuencia. “La haré el Pap smear ya mismo, la examinaré y le ordenaré una ‘mamo’. Conclusión: Todo se ve bien, la ligera caída de la matriz es por la edad, pero debe ir donde un gastroenterólogo y un urólogo, y les dice que me manden el informe. Quise explicarle que no tenía ninguna relación con la edad, que eso surgió después del accidente, que llevaba más de 20 años haciendo el ejercicio de Kegel, pero no fui capaz, di las gracias y salí a buscar mi diccionario y los otros dos especialistas.
Si, Gyn/Ob no es un gimnasio, es un “gynecologist”, pero como usualmente son obstetras, el término común y rápido para ellos es Gyn/Ob. Al Papanicolau le dicen Pap smear, pero smear también son chismes y calumnias y a la mamografía le dicen mammo. Por fin entendí porque la coreana esta tan furiosa.
Continuará…
3 Responses
Mauricio Duque Arrubla
June 14th, 2009 at 8:38 am
1Un amigo que vive en NY decidió venir a tratar su males en COlombia poruqe, dice, los médicos de allá son en general muy malos. Y así le toque pagar acá le sale más barato
Fede
July 2nd, 2009 at 9:51 am
2Ahg, que putería que me da cuando estás por allá lejos y cuando yo ni me entero de las cosas… puf…. Y pues con la medicina de allá y con los medicos de allá, que puedo decir, si me suena que es la burocracia hiperespecializada solo en tratar aspectos puntuales: “el dedito le sangra, lo siento señora, yo solo curo las uñas”, ahgggggg… que piedra…
astronautaperdido » Blog Archive » Mi balance ojicuadrado 1 (no sólo tv, sino mi vida entera)
December 22nd, 2009 at 5:24 pm
3[...] en bicicleta y porque yo realmente no supe nada sino hasta pasados varios días. Estuvo grave y el servicio de Salud y Seguridad Social de su pueblo (NY), resultó peor que el nuestro, lo cual podría parecer imposible, pero si, hay lugares donde están peor o al menos por ahora. [...]
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