Antes del 21 de marzo, fecha oficial de iniciación de la primavera, los jardineros públicos y privados trabajan arduamente resembrando toda clase de especies en parques, antejardines, y macetas de las calles más importantes. En ellas revientan en flor tulipanes, pensamientos, margaritas, violetas africanas, besitos, y hortensias, entre otras, esperando el calor para mostrarse a plenitud. Todas son cultivadas en viveros y en menos de una semana se transplantan, pero uno, ajeno al proceso, cree que siempre estuvieron ahí.
Las que si se observan plenas son las rosas de la Avenida Park Avenue, proyecto escultórico que sorprendió a los residentes y que deleita a los transeuntes. El escultor es el neoyorkino Will Ryman, 32 años, hijo de artistas, y quien por largo tiempo se desempeñó como escritor de teatro.
Cada escultura es un conjunto de tres o cuatro rosas con sus espinas e insectos: escarabajos, mariquitas, abejas y hasta pulgones, esos que destruyen el jardín. El tamaño de cada rosal varía entre 1.5 y 7.5 metros. Las espinas, amenazantes y gigantes, tienen 20 centimetros, y los insectos entre 15 y 40 cm. Las esculturas estan hechas en acero y fibra de vidrio. Todo es pintado a mano pues al decir del artista, “si la mano no esta presente, el sentido humano está ausente de la pieza”.
“Las Rosas”, primer gran proyecto escultórico Ryman para el espacio público, están diseminadas entre las calles 57 y 67 y permanecerán ahí hasta el 31 de mayo de 2011. En total son 38 rosales y 20 pétalos individuales caídos como al desgaire, 6 de ellos formando sillas en la que nadie se atreve a sentarse.
La exposición es patrocinada por la Fundación Park Avenue, Comité de Esculturas, y por el Departamento de Parques y Recreación, entidad municipal responsable del espacio público en la ciudad de Nueva york, y que hace todo tipo de esfuerzos para que más personas lo aprecien y disfruten de él. El director, Adrian Benepe, declaró al NYTimes en entrevista publicada el 14 de enero de 2011, que “una rosa gigante lo pone a uno a pensar acerca del espacio público y de nuestra relación con él”.
Park Avenue es una amplia y calmada avenida con jardineras centrales y con costados flanqueados por edificios lujosos en diferentes estilos, creando esa universalidad arquitectónica que hace de Nueva York una ciudad especial. Cada primavera alberga un nuevo proyecto escultórico. Fue en esta misma avenida donde, hace más de 10 años, el Maestro Fernando Botero exhibió sus gigantescas obras.
Caminar por Park Avenue es siempre un placer. Pero hacerlo viendo las rosas, y en medio de ellas el despertar de la primavera, hacen que uno sienta la naturaleza con mayor fuerza y aprecie lo que queda de ella. La imagen es tan poderosa que trae el recuerdo del olor a flores, a campo, a hierba fresca, a boñiga. Y con el olor, la imagen de la golpeada Ciudad de la Primavera, mi Medellín, donde la sangre y la pobreza no logran terminar con la esperanza que renace cada día a través de sus jardines, siempre llenos de flores. Todo el año y todos los días del año.























