El presidente Obama anunció esta tarde, en un hangar en la base Andrews de la Fuerza Aérea, que tomará la difícil decisión de autorizar la perforación en busca de petróleo y de gas en parte de la costa Atlántica, desde la punta de Delaware hasta la Costa Central de Florida, así como en la costa norte de Alaska y al este del Golfo de Méjico, haciéndolo “de una manera que proteja las comunidades y proteja las costas, especialmente las aéreas que son vitales para el turismo, el medio ambiente y la seguridad nacional”. El plan balanceará la necesidad interna de nuevos recursos de energía y los recursos naturales de Estados Unidos, para lo cual empleará nuevas tecnologías que reduzcan el impacto de la exploración petrolera.
Dejó en claro que era una decisión seria, tomada después de un largo año de análisis liderado por Ken Salazar, el Secretario del Interior, y Carol Browner, Directora de la Oficina Energía y Cambio Climático de la Casa Blanca, entre otros, y que no afectaría aéreas vitales para el medio ambiente, tales como la Bahía de Bristol, en Alaska.
Anticipándose a quienes criticarían la medida por ser innecesaria y causar daño al medio ambiente, enfatizó en su discurso que “este anuncio es parte de una estrategia más amplia, que nos llevará de una economía basada en los combustibles fósiles y en el petróleo extranjero, a una que se apoye más en combustibles propios y en energía limpia. Y la única manera para que esta transición sea exitosa es fortaleciendo nuestra economía en el corto y en el largo plazo”.
Adelantándose también a las críticas de las grandes petroleras y de los republicanos, fue claro al expresar que por la seguridad del planeta y la independencia energética de los Estados Unidos, era necesario iniciar cuanto antes esa transición, aclarando que la sola perforación nunca llegaría a suplir las necesidades internas habida cuenta de que Estados Unidos solo tiene el 2% de la reserva mundial de petróleo mientras gasta más del 20% de esa misma reserva. . “Por el bienestar de nuestro planeta y nuestra independencia energética, tenemos que empezar esa transición hacia la energía limpia ahora mismo…” Se refería, sin lugar a dudas, al proyecto de ley de energía próximo a discutirse, y que con seguridad no contará con el voto republicano.
Pero las críticas no se hicieron esperar y provinieron de todos lados, desde quienes lo apoyaron en la campaña y lo siguen o no apoyando, hasta sus más fieros opositores. Para los primeros, el presidente se parece cada vez más al presidente Bush: no ha cerrado Guantánamo, no consiguió seguro universal para todos, no ha detenido el desempleo, y no ha mejorado la economía. Para los segundos, es radical, “socialista”, y un fanático defensor de la expansión del gobierno, lo que aumenta el ya crecido déficit. Lo curioso es el corto-plazismo de ambos puntos de vista.
Pero el presidente defiende la medida con poderosos argumentos. Afirma que desde China hasta Alemania reconocen que la economía global será liderada por quien fundamente su economía en la energía limpia. Y avanzar en materia de energía limpia es también avanzar en materia de seguridad nacional, como lo han expresado los militares en diferentes oportunidades. Añade que además de eso, y con la ayuda de otras medidas tomadas por su administración, las futuras directrices mejoraran la economía interna.
El debate sobre la perforación en las costas o cerca de ellas lleva muchos años. Los republicanos, generalmente asociados a la industria del petróleo, la defienden a capa y espada, tanto que su principal slogans en la pasada campaña era “Drill, baby, drill![1]”. Y aunque gran parte de los demócratas están en desacuerdo con la idea de tales perforaciones, lo cierto es que el presidente durante la campaña fue claro en decir que esa era una de las opciones, aunque no la única ni la más importante. Es más, en su balance después del primer año de gobierno, dejó entrever la posibilidad de autorizar dichas perforaciones en un futuro muy cercano.
El momento llegó ahora, cuando estas frescas sus más recientes victorias: la aprobación de la Ley de Salud y el acuerdo para la reducción del arsenal nuclear que se firmará en pocos días con Rusia. Y aunque muchos creen que su objetivo es comprometer el voto de los republicanos en la aprobación de la nueva reforma de energía, cuya discusión posiblemente se iniciará después del receso de Semana Santa, unos pocos creemos que es una simple muestra de su pragmatismo, de su asombrosa capacidad política, y del lugar que quiere tener en la historia. El sabe que ninguna de sus propuestas tendrá el apoyo republicano, cuya agenda está claramente enfocada en impedir su éxito como presidente. Pero también sabe que tiene que seguir en su intento de involucrarlos, de convocarlos, de incluir sus ideas. Hacer lo contrario profundizaría la ya ayuda división del país y lo pondría en la historia como el autor de semejante división. Algo que un líder pragmático como él no puede permitirse.
Aparte de esto, esta arriesgada jugada permite algo más importante aún: ganar tiempo, elemento indispensable para que los numerosos programas que está tratando de implementar empiecen a funcionar. Resultados que decidirán las próximas elecciones.
[1] Michael Steele, Jefe del Comité Nacional Republicano, usó la frase “Drill, baby, drill” durante su discurso en la Convención Nacional Republicana en septiembre del 2008, hablando acerca de la necesidad que tenían los Estados Unidos de autorizar la perforación en sus costas. A partir de entonces, fue el mantra de las manifestaciones y concentraciones de Sara Palin y de los republicanos. Significa “Perfora, querido, perfora”.

