
El y muchos más quieren que el expresidente sea procesado. Motivos no faltan, y graves
La primera enmienda a la Constitución Americana, incluida en 1789 en la Carta de Derechos, en inglés “Bill of Rights”, y aprobada en 1791 por las tres cuartas partes de los Estados de la Unión, protegió ampliamente la libertad de expresión, pilar de toda democracia, al promover que sobre todos los asuntos de interés para la nación se tuviera un diálogo abierto y un debate público. Desde esa lejana época se entendió que el flujo pacífico de las ideas facilita el cambio y hace avanzar el conocimiento. Pero además, la misma Enmienda prohibió al Congreso expedir leyes que establecieran una religión oficial o que prohibieran la libertad de adoptar la religión que cada uno quisiera, o el derecho a no tener ninguna. Como si esto fuera poco, también le prohibió restringir los derechos de los ciudadanos para decir lo que cada uno quiere o para publicar lo que uno piensa, así esté en contra del punto de vista del gobierno. Derechos garantizados con la protección a toda reunión o manifestación o protesta pacífica, y el derecho a presentar peticiones al gobierno para corregir leyes o decisiones injustas.

A todo el frente de la Casa Blanca
Naturalmente no es una libertad absoluta y si se usa para amenazar a alguien, para difamar o crear terror, la ley prevé consecuencias graves para el infractor, desde una demanda por daños civiles hasta un proceso penal. De 1791 hasta hoy el derecho se ha mantenido y fortalecido, no siempre de manera fácil. Ha costado luchas, lágrimas, encarcelamientos injustos y muertes. Algunos presidentes y algunos congresos lo han restringido y hasta tratado de anular. Pero sigue vivo. Y soñamos que lo esté más ahora.

En el Museo Americano de Retratos y Afiches de los presidentes
Esta libertad se ejerce de manera respetuosa, sin ofensas, teniendo presente que los demás también tienen el derecho y la libertad de tener una opinión diferente a la nuestra. Por eso usted encuentra en un lado de la acera a las personas que están en contra del aborto y en el otro, a todo el frente, las que están a favor. Es igual en todos los asuntos importantes como la guerra, la salud, la economía. La policía se sitúa entre los dos bandos con una mirada vigilante y dispuesta a impedir excesos, pero no limita la participación de ninguno ni tacha las consignas, ni decomisa los carteles. Permanecen en silencio, sin hacerse a favor ni en contra de nadie, asi compartan o rechacen su opinión. Simulan ser neutrales, porque es imposible que lo sean.
He participado en muchas marchas de indocumentados pidiendo su legalización y oponiéndome a esa ola de desmemoriados que no recuerdan que ellos son también inmigrantes o hijos de inmigrantes, que olvidaron que sus padres o ellos mismos fueron desplazados de sus países por las hambrunas o las guerras o las persecuciones.

En el mismo Museo, con los actores que representaban la vida de Lincoln. Aqui con su esposa Mary
En la única en que he visto una agresión a quienes piensan diferente, fue en la marcha de los colombianos en contra del secuestro, en febrero del 2008, en la Plazoleta de las Naciones Unidas, Nueva York. Los partidiarios del gobierno de Uribe atacaron, insultaron y amenazaron a alguien porque portaba una pancarta pidiendo que se les exigiera a los paras liberar a los secuestrados. Si la policía no interviene para proteger al ciudadano, la multitud lo hubiera linchado.

Ella portaba su propio pedazo de historia
Esta libertad de expresión es muy importante, apreciada y valorada en los periódicos on-line y en los blogs. Casi a diario leo el New York Times y algunos de sus blogs y me sorprende que las opiniones en contra de lo que escriben los columnistas se sustenten en ideas diferentes, no en insultos ni en gritos con mayúscula. En cambio, cuando leo la prensa o las revistas colombianas, y veo la participación del público, quedo horrorizada por la falta de argumentos y abrumada por la cantidad de insultos.

Al día siguiente, Enero 20/09, vi este mismo mensaje impreso en carteles que algunos portaban
Todo esto para decir que no era la única que andaba campante, el día de la posesión de Obama, con mi cartel de protesta, moviéndome libremente en una ciudad con dos millones de turistas y más de 30 mil agentes de seguridad. Otros hacían lo mismo, a través de la ciudad y al frente de la Casa Blanca. Ojalá algún día Colombia muestre el mismo respeto. Ese día iniciaremos nuestro camino a la democracia.

Me inspiró la pareja de Ohio, que ví al Frente de la Casa Blanca el 18/01/09, día del concierto. Y lo hice!

